Rutina diaria, higiene diaria.

Son muchos los problemas que cabe evitar simplemente aplicando unas estrictas rutinas a las situaciones cotidianas. Por ejemplo, no traslademos los recipientes de comida de una pajarera a otra y tampoco los que contienen agua. Después de someterlo a un concienzudo lavado, comprobemos que cada utensilio es devuelto al punto de donde procede, a cuyo fin podemos marcarlos con un número u otro signo de identificación.

Sustituyamos los recipientes que presenten grietas o estén desportillados tan pronto como nos apercibamos de tal circunstancia. A tal fin deberemos contar con un cierto número de unidades de repuesto.

Sustituyamos las perchas a intervalos regulares. Hay que lavarse siempre las manos después de entrar en contacto con algún pájaro, y tratándose de ejemplares enfermos resulta de utilidad contar con algunos pares de guantes médicos desechables o por lo menos de goma delgada, que pueden ser esterilizados después de cada utilización. Las jaulas y las pajareras deben ser lavadas concienzudamente una vez por semana y también las perchas.
Con relación a las jaulas en particular, comprobemos detenidamente que se han limpiado a fondo los rincones y, después de utilizarlas, hagamos lo propio con las cajas de nidificación, ya que son lugares preferidos por los piojos y los ácaros que se esconden en las hendiduras y grietas de la madera. Los pájaros de compañía se hayan mucho menos expuestos a contraer enfermedades que los que se hallan instalados en pajareras pero aún teniendo en cuenta esta circunstancia, la jaula debe someterse a limpieza con el mismo entusiasmo del que se precisa tratándose de un local.

Os recomiendo examinar el pienso y la comida diariamente, cuando se realiza la limpieza, en busca de algún insecto o ácaro que pudiera haberse colado sin darnos cuenta. Es importante.


El pájaro enfermo

Si la relación con nuestros pájaros tiene lugar sobre una base individualizada, ello nos permitirá percatarnos de inmediato si algunos de ellos no comen de un modo normal o no muestran la vivacidad habitual. Esta clase de pájaros deben ser instalados en una jaula hospital ya que cuanto más pronto los aislemos menos riesgos correremos de que se transmita la enfermedad a los demás ejemplares. Una dolencia leve tratada prontamente -como por ejemplo un resfriado o una diarrea- se curará rápidamente, pero si no adoptamos las medidas oportunas y dejamos que transcurran uno o dos días, ello puede convertirse en un problema de desenlace fatal. Jamás dejemos que se pase una noche “para ver como se presentará la cuestión al día siguiente”. El ritmo metabólico de los pájaros es muy rápido en comparación con el de la mayoría de los demás animales, lo cual significa que la enfermedad se desenvuelve a un ritmo igualmente rápido, y mucho más en pájaros de tan reducido tamaño como los agapornis.


En período de cuarentena

No deben añadirse nuevos ejemplares a nuestra colección, independientemente de cuán buena sea la fuente de suministro, hasta que, instalados en un punto lo más alejado posible de nuestros pájaros, hayan transcurrido 21 días de cuarentena. Durante todo este tiempo podemos someter a los recién adquiridos a un tratamiento rutinario contra lombrices (a menos que esto ya haya sido efectuado, por cuyo motivo no deberemos olvidar preguntarlo al proceder a la compra). Combatir las lombrices a través del agua de beber resulta posible pero no es de fiar. Por consiguiente, preguntaremos a nuestro veterinario cómo debemos proceder para introducir el medicamento apropiado en el buche de los pájaros mediante un tubo de plástico y una jeringa. Esto puede asimismo convertirse en una medida rutinaria, por lo menos una vez al año, en nuestras pajareras. Los pájaros de compañía se hallan mucho menos expuestos a sufrir de lombrices ya que éstas se introducen normalmente en la pajarera a través de deposiciones de los pájaros silvestres o de los roedores. Si no optamos por combatir de forma periódica las lombrices de nuestros pájaros, entonces deberemos hacer una recogida rutinaria de deposiciones a intervalos regulares y dárselas a nuestro veterinario para que las examine al microscopio. Ello le permitirá hacer un recuento del número de huevos de lombriz y determinar si resulta recomendable combatir dichas lombrices en tal momento
Durante la cuarentena también podemos verificar si los pájaros tienen ácaros, piojos u otros parásitos externos, y someterlos a tratamiento en caso afirmativo.
Cualquier pulverizador o polvo antiácaros de los que se expenden en el comercio eliminará la plaga.

Los ácaros rojos viven succionando la sangre de su anfitrión por la noche y escondiéndose después en grietas y hendiduras durante el día o bien tratándose de piojos, permanecen durante toda su vida sobre el cuerpo del pájaro y se propagan por contacto con otros pájaros. En casos de infestación grave, ello provoca anemia e incluso la muerte, especialmente tratándose de polluelos jóvenes todavía en el nido. Cabe incluso que provoquen el que la hembra abandone los polluelos e introduzcan bacterias perjudiciales en las diminutas heridas que producen al chupar la sangre. Tan pronto como hayamos detectado la presencia de cualquiera de estos parásitos deberemos proceder a quemar todas las perchas y someter la jaula o caja de nidificación a la acción de un soplete, pues éste es el único sistema seguro para provocar la muerte de los huevos todavía en desarrollo. Solamente cuando los pájaros sometidos a cuarentena han sido objeto de una verificación sanitaria de carácter extensivo por nuestra parte pueden ser introducidos junto a los demás en la pajarera. Los ejemplares que participan en exposiciones también deben someterse a este período de cuarentena ya que pueden haber contraído alguna enfermedad en el recinto de la exposición o durante el traslado.

Heridas

Tarde o temprano alguno de nuestros pájaros resultará herido a consecuencia de un picotazo o por haber quedado atrapado en algo. La mayor parte de tales heridas cicatrizarán con rapidez y no requerirán atención alguna, salvo la aplicación de un antiséptico suave o un lápiz estíptico. Esto resultará asimismo de aplicación a los casos de pérdida de un dedo, lo cual a menudo es consecuencia de peleas entre inseparables instalados en pajareras contíguas que no han sido dotadas de doble tela metálica para impedir tales contactos. Las heridas de carácter más grave deben ser objeto de tratamiento veterinario, en cuyo caso procederá a limpiarlas y después inmovilizar al pájaro envolviéndolo en un trozo de tela mientras lo transportamos al centro quirúrgico.

Patas o alas heridas

Un pájaro asustado en una pajarera puede lanzarse contra la tela metálica o un muro y como resultado de ello herirse en las patas o en las alas, incluso cabe que llegue a rompérselas. Salvo la ayuda veterinaria, no es mucho lo que nosotros podemos hacer en tales casos, excepto probar de restituir el ala a su posición original o aplicar una cerilla de madera (si bien no de un modo excesivamente fuerte) a una pata rota. El pájaro herido debe ser instalado en una jaula hospital para evitar que sufra un resfriado dado el estado de shock en que se encuentra. Retiremos las perchas, y las alas o patas se recuperarán por sí mismas, aun cuando cabe que queden un poco fuera de su posición habitual. Aparte de ello, la curación será completa.

Hinchazones

Una hinchazón puede ser simplemente una reacción localizada a una intrusión externa en la piel (como por ejemplo el aguijón de una avispa o similares), en cuyo caso sólo es necesario limpiar con cuidado y diariamente el punto afectado con un antiséptico adecuado hasta que desaparezca o reviente. Sin embargo, las hinchazones en los pájaros acostumbran a ser una consecuencia de otras dolencias, tales como tumores, y en cualquier caso deberemos acudir a nuestro veterinario para que prescriba el tratamiento adecuado.

Problemas respiratorios

Si observamos que un pájaro resuella al respirar, acompañado en algunos casos de la secreción de abundante mucosidad por la nariz, ello supone que sufre de algún desarreglo respiratorio y, por tanto, deberemos proceder a aislarlo e instalarlo en una jaula hospital para que siga el debido tratamiento. Una vez adoptada esta medida no lo llevemos al veterinario ya que el descenso de temperatura puede perjudicarle. Aparte de tal circunstancia, cabe señalar que los inseparables son muy malos pacientes de consultorio. Solicitemos a nuestro veterinario que acuda a visitarle para prescribirle el tratamiento oportuno. Tal medida nos resultará más cara pero las posibilidades de éxito serán mucho mayores.

Diarrea

El problema, por lo que se refiere a la diarrea, es que se trata de un síntoma de prácticamente cualquier enfermedad importante en la que podamos pensar. Si se trata de un caso leve, cabe que sea el resultado de un enfriamiento o de haber comido un exceso de verduras después de haberlas estado consumiendo en cantidades reducidas. Si la diarrea persiste después de 24 horas en la jaula hospital (durante cuyo período sólo deberá ingerir semillas acompañadas de agua), entonces no perdamos tiempo y acudamos al veterinario junto con algunas muestras de sus excrementos para que puedan ser examinadas al microscopio.

La jaula hospital

Existen numerosos modelos comerciales disponibles, a menudo con un frontal de cristal, pero aparte el hecho de que son un tanto caras no siempre constituyen lo mejor que cabe conseguir para su utilización en el caso de pájaros pertenecientes a la familia de los loros. Tan pronto como un pájaro es encerrado en una de estas jaulas se muestra, debido al cristal, extremadamente tenso y esto neutraliza buena parte de las ventajas que tales jaulas ofrecen. Teniendo en cuenta, aparte del coste, un cajón que disponga de un calefactor cerámico de infrarrojos colocado en un punto que permita proporcionar una temperatura uniforme puede ser igualmente efectivo, y posiblemente aún más. Resulta útil, a tal fin, el que podamos conectar el calefactor a un termostato, de forma que quede asegurada una temperatura constante. El calefactor cabe instalarlo en un extremo de la jaula, en su parte externa, y con ello conseguiremos la temperatura local adecuada, que será ligeramente inferior en el otro extremo. Si el pájaro no se siente cómodo bajo la acción directa del calefactor puede trasladarse a otro punto que aún siendo más fresco sigue siendo caliente. El hecho de que la jaula disponga de barrotes en lugar de cristal asegura una buena ventilación, lo cual es importante en tales casos. En su interior sólo deberemos colocar semillas y también agua pues si bien el calor adicional puede producir milagros, un efecto secundario del mismo es que provoca sed. Otro extremo a tener en cuenta es que los tratamientos prescritos cabe que sean solubles y, por consiguiente, que resulta posible administrarlos a través del agua para beber en los casos de infección leve. Por último precisa señalar que el nivel de temperatura en una jaula hospital debe oscilar en torno a los 30-34ºC para que resulte efectiva. Tan pronto como el pájaro dé muestras de mejoría, deberemos proceder a aclimatarlo a la temperatura normal reduciendo la de la jaula hospital a razón de unos pocos grados cada día hasta situarla al nivel del local en que habitualmente se halla instalado. Por todo lo indicado se recomienda encarecidamente a los criadores que adquieran una jaula hospital pues vale su peso en oro, y que recuerden que los avances constantes tanto en los calefactores de infrarrojos como en las lámparas ultravioletas y de otro tipo especializado darán lugar, estamos seguros de ello, a unos modelos todavía más perfectos en el futuro.

Arranque de plumas

Si nuestros pájaros comienzan a arrancarse las plumas, ello a menudo significa que se sienten aburridos pero también puede reconocer como origen una carencia en la nutrición o un rasgo hereditario. En primer lugar, proporcionemos al pájaro abundancia de ramitas para que se entretenga. Si este problema se presenta en un ejemplar que permanece dentro de casa todo el tiempo, quizá unos días en una pajarera distraiga su atención de la tendencia a arrancarse las plumas y el ejercicio adicional que ello supone cabe que se traduzca en su curación. Tomemos muy buena nota de todo cuanto suministremos para comer a nuestros pájaros y hagamos que nuestro veterinario lo examine para determinar si existe algún problema o una omisión. Si la causa reside en que es otro pájaro el que lleva a cabo el arranque, entonces separemos al culpable.

Por supuesto, los pájaros pueden arrancarse las plumas durante la época de cría para contribuir a revestir sus nidos, por cuyo motivo no debemos confundir esto con un arranque habitual.

Fuente:
http://www.todoagapornis.net/salud.html

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